Maneki-neko: mil años de bienvenida
La pequeña pata levantada es la respuesta de un viejo monje de la era Edo.

El origen del maneki-neko está envuelto en un cálido malentendido. En la era Edo, un gato carey vivía en el templo Gōtoku-ji de Kioto. Un día, un samurái estaba a punto de pasar junto a la puerta del templo cuando el gato levantó de pronto su pata hacia él. Lo tomó como una invitación y entró. Un instante después, un rayo cayó justo sobre el camino que habría tomado. El 'gato que llama' se convirtió así en un símbolo de buena fortuna, y Gōtoku-ji creció en popularidad. Hay tradición en cada detalle: la pata izquierda recibe clientes, la derecha trae riqueza; los gatos blancos invitan a la felicidad, los negros ahuyentan el mal, los dorados atraen prosperidad. Hoy, la pequeña figura se yergue en los escaparates de todo el mundo, un pequeño y suave ritual que el Japón amante de los gatos ha regalado a todos nosotros.
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