Los gatos de la Ciudad Prohibida: guardianes de sombra
Tras seis siglos de muros carmesí, unos guardianes anónimos recorren el palacio.

Los gatos de la Ciudad Prohibida remontan su linaje a la dinastía Ming. La corte imperial instaló un clan de gatos domésticos en el Tribunal Interior para mantener a raya a los ratones, y sus descendientes nunca se fueron. Hoy, decenas deambulan aún por los muros carmesí: se asolean en los escalones del Salón de la Armonía Suprema o se refugian tras las rocas del Jardín Imperial. Cada gato tiene nombre, expediente y un cuidador dedicado. Los visitantes se detienen a mitad de paso en los largos corredores, conteniendo el aliento, como si seis siglos de historia se hubieran detenido un momento.
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