El gato del faraón: un compañero real a orillas del Nilo
El faraón no solo tenía gatos: aparecían junto a él en las pinturas de las tumbas.

En el siglo XV a.C., el faraón Tutmosis III de la XVIII Dinastía era un ávido amante de los gatos. Su gato más querido, un gato manchado de pelo corto llamado Tedy, fue descrito por el propio faraón como 'el ojo que caminó conmigo por el desierto' tras su campaña en Siria. En una pintura de una tumba en Tebas, Tedy se sienta bajo la silla real, con la reina a su lado, y las mangas de ambos rozan al gato. Los arqueólogos también han descubierto que los gatos egipcios llevaban collares de oro y eran enterrados junto a sus dueños. Se han encontrado más de doscientos gatos momificados del período del Imperio Nuevo como 'compañeros de enterramiento': en vida acompañaron al faraón, y en muerte también. Los egipcios creían que los gatos podían guiar el alma humana a través de doce puertas de la noche.
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